Internacionales

Argelia se pone a prueba

Las protestas seguirán para evitar que el régimen sobreviva a Buteflika

El movimiento popular en Argelia no se detendrá tras haber conseguido la caída del presidente Abdelaziz Buteflika . Ya están convocadas nuevas manifestaciones para este viernes. Cualquier intento del régimen de esquivar una apertura política real y de perpetuarse en el poder será contestado en la calle.

Diversos portavoces de la oposición citados por la prensa francesa y por la web argelina Tout sur l’Algerie (TSA) coincidieron ayer en reclamar una “segunda república”, un cambio profundo del sistema vigente desde la guerra de la independencia (1954-1962) que implique un avance creíble hacia la democratización y hacia el desmantelamiento de las estructuras clientelistas y corruptas.

Choque entre clanes

El hermano del depuesto presidente bendijo a un sustituto que no prosperó

Un ingeniero del conglomerado energético estatal Sonelgaz resumió el sentimiento de los argelinos. “Queremos un presidente que entienda lo que queremos –declaró Bouizid Abdoun, de 25 años, a la agencia Reuters–. Queremos vivir aquí, no emigrar a Europa”.

Una primera victoria ha sido la renuncia de un presidente que, muy mermado por razones de salud, seguía oficialmente al mando. Se trataba de una ficción ya insostenible, un espectáculo humillante para una mayoría de argelinos con ansias de cambio.

“No es un presidente el que ha pasado el testigo; es un fantasma que se esfuma, una sombra que se diluye”, constató Le Figaro en su editorial de portada.

Síntomas de purgas

Un empresario próximo al exmandatario, detenido en la frontera con Túnez

Los entresijos de la forzada dimisión de Buteflika invitan a la prudencia, cuando no al escepticismo, sobre las posibilidades de éxito de la transición. No existe una hoja de ruta clara. La incertidumbre es absoluta. La tensión entre los diversos clanes y grupos de poder está garantizada. Los argelinos temen que se aplique el viejo principio lampedusiano de aparentar que todo cambia para que no cambie nada.

Según ha trascendido, el drástico golpe de timón del ejército, el martes, obligando al presidente a dimitir, se debió a las maniobras dilatorias que se habían detectado en el entorno presidencial más cercano. Se supo del plan para colocar como jefe de Estado interino al expresidente Liamine Zerual. Éste se habría reunido con un general retirado pero aún muy influyente en el Estado profundo argelino, Mohamed Mediène, alias Toufik. La oferta a Zerual habría sido bendecida por Said Buteflika, hermano y consejero del anciano ya expresidente. Fue entonces cuando el jefe del Estado Mayor del ejército, el general Ahmed Gaïd Salah, impaciente por encarrilar la crisis hacia otra dirección, reunió a todos los mandos y forzó el cese fulminante de Buteflika. Este, ayer, difundió una carta a la población en la que defendió sus veinte años de mandato y pidió disculpas por no haber podido concluirlo en el plazo previsto

El Consejo Constitucional, mientras, cumplió el trámite de aceptar la dimisión de Buteflika, declaró vacante la presidencia y puso en marcha el mecanismo por el cual el presidente del Consejo de la Nación (cámara alta), Abdelkader Bensalah, de 77 años, debe asumir la jefatura de Estado interina y convocar elecciones en un plazo de noventa días. A Bensalah le está vetado presentarse.

Hay síntomas de que la digestión de lo ocurrido no será fácil dentro del propio régimen. Se están produciendo ya hechos que semejan purgas y ajustes de cuentas. Un empresario muy próximo a Saïd Buteflika, el millonario Ali Haddad, fue detenido en la madrugada del domingo en un puesto fronterizo con Túnez con una cantidad de dinero en efectivo superior a la que marca la ley. La Fiscalía de Argel abrió investigaciones preliminares por presunta corrupción y transferencia ilícita de capital al extranjero. A él y a una decena de hombres de negocios muy vinculados a la familia Buteflika se les ha prohibido abandonar el país. “El general Gaïd Salah abre la caza a los oligarcas”, aseguró el diario Le Monde.

La dependencia total del petróleo y el gas amenaza la economía argelina

Las potencias extranjeras con más influencia en Argel están a la expectativa. No es fácil, ni para sus servicios secretos, descifrar la realidad de un sistema que siempre se ha distinguido por su opacidad, y más ahora que han saltado los equilibrios y todos intentan posicionarse ante un futuro incierto. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian, se mostró confiado “en la capacidad de todos los argelinos de proseguir la transición democrática en el mismo espíritu de calma y responsabilidad”. El ­Departamento de Estado, en Washington, se limitó a recordar que son los argelinos quienes deben decidir “cómo gestionar esta transición”. Un portavoz del Kremlin alertó frente a cualquier intento de interferencia y expresó su deseo de que las relaciones “amistosas” entre Argelia y Rusia –aliados geoestratégicos desde la época soviética– “no se vean para nada afectadas”. También el secretario general de la ONU, António Guterres, auguró “una transición pacífica y democrática”

En el tablero mundial, Argelia es un actor relevante por su posición en el norte de África –es el país más extenso del continente–, su peso demográfico (42 millones de habitantes) y sus enormes reservas de petróleo y gas. En el pasado fue una voz importante del grupo de países no alineados, un ariete antiimperialista que apoyó causas como la palestina o la del Frente Polisario.

Además de los retos políticos, los futuros gobernantes argelinos afrontarán el enorme desafío económico de un país que lo ha fiado casi todo a su riqueza en hidrocarburos. La caída de los precios, a partir del 2014, no ha permitido proseguir la generosa política de subvenciones (a los carburantes, a los productos alimenticios básicos, a la compra de viviendas, a la creación de empresas) que durante años compró la paz social y financió prácticas clientelistas que domesticaron a la oposición. Uno de los talones de Aquiles de Argelia es su poco desarrollado sector agropecuario y la dependencia de las importaciones de alimentos, un riesgo sistémico muy grave en un país con fuerte crecimiento demográfico. Se calcula que, en el año 2030, la población superará los 50 millones de habitantes, concentrados en una franja del litoral mediterráneo.

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *