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Copa Sudamericana: Independiente recuperó la confianza y goleó 4-1 a Binacional

Independiente arrancó la Copa Sudamericana sin dejar margen para las dudas. Derrotó 4-1 a Binacional de Perú con autoridad y buen fútbol, mostrando varios puntos altos de rendimientos individual y una mejoría notable en lo colectivo. Enseñando una vez más que nada le sienta mejor que las noches coperas.

La confianza es una herramienta vital, poderosa, indispensable. Independiente andaba torcido justamente en una cuestión clave para afrontar cualquier empresa. Los rendimientos sembraban dudas en el entorno y los resultados amenazaban con contaminar el ambiente de puertas adentro. En lo grupal, y también en lo individual. Demasiados jugadores discutidos, peleados con la pelota los responsables de crear, enemistados con el gol los encargados de sacudir las redes, erráticos los que se dedican a evitarlos.


Pero la confianza es también una cualidad veleidosa, que puede esfumarse de golpe o crecer solo con una tarde afortunada. La tuvo el Rojo el domingo pasado, con un muy buen segundo tiempo ante Vélez en el que dio vuelta una derrota parcial después de mucho tiempo sin que ocurriera algo así. Volvió al gol Silvio Romero, hizo su estreno en ese aspecto Pablo Pérez, creció en su juego Pablo Hernández y empezó a ganarse el puesto Emanuel Brítez. El “efecto Copa”, que siempre genera una corriente excitante en esta mitad de Avellaneda hizo el resto e Independiente vivió una noche de las de antes, de las de ese añorado 2017 que acabó con festejo en el Maracaná.

Es verdad, Binacional de Perú, más allá de su esfuerzo defensivo y cierta potencia en sus delanteros, no es medida suficiente para establecer niveles reales de juego y eficacia, pero en momentos recientes y contra rivales más o menos semejantes, al equipo de Ariel Holan le faltaron fútbol e intensidad para imponer sus virtudes. No en esta ocasión.


Independiente ofreció una versión que la sirvió para dejar casi resuelta la llave pero también para mirar con más optimismo el futuro inmediato. Tomó el timón del partido desde el primer minuto y recién lo soltó -apenas un poco- cuando el marcador ya era 4-0 y sintió que había cumplido con creces el objetivo.

La noche, entre otras cosas, le dejó al Rojo varias señales positivas. Tuvo la intensidad necesaria para arrinconar a su adversario desde el arranque, pero al mismo tiempo la paciencia para tocar con sentido y precisión en la búsqueda de los pocos espacios que dejaban los diez hombres que Binacional agrupaba cerca del arquero Sotillo.

Pablo Hernández, en el que quizás haya sido su mejor partido desde su llegada, y un Pablo Pérez cada vez más recuperado y llegador tomaron la batuta en la mitad de la cancha y fueron encontrando los huecos hasta desacomodar a una defensa con más ímpetu que calidad.

Le costó a Independiente encontrar el gol, como tantas otras veces. El travesaño le había negado el grito a Romero y Benítez en las aproximaciones más claras antes de que Brítez aprovechara un rebote en el área a los 37 para el 1-0. Pero a partir de ese momento fue ampliando la ventaja con cierta facilidad. Silvio Romero dos veces, la última picando un penal, y Sánchez Miño con un gran zurdazo desde afuera del area redondearon el marcador.

La confianza, ese valor intangible y traicionero le costó a Brítez el descuento del elenco peruano, pero por entonces ya había hecho lo mejor de su trabajo. Permitirle a Independiente volver a sentirse superior y contundente, intenso y con aire de ganador. Tenía que ser en una noche de Copa, ¿cuándo si no?

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