Viajes

La fascinante magia de recorrer en bici el desierto israelí de Negev

Cruzando el país de norte a sur por la Israel Bike Trail

Deseche toda idea de que un desierto es algo monótono o aburrido, por lo menos no es el caso del desierto del Negev, que se extiende por el 50% del territorio de Israel y esconde paisajes maravillosos, reliquias históricas y una rica cultura beduina. Uno de los lugares más mágicos y menos conocidos del oriente próximo.

Vista del Mar Muerto desde la fortaleza de Masada.
Vista del Mar Muerto desde la fortaleza de Masada. EDUARDO SALETE BALDER

Y para recorrerlo y disfrutar de sus parques naturales y de sus lugares Patrimonio de la Humanidad nada mejor que la bicicleta. Sobre todo porque lo cruza de norte a sur el sendero Israel Bike Trail,  desde Hermon hasta la costera ciudad de Eilat. Aunque señalizado solo está el tramo sur desde Mitspe Ramon hasta Eilat, en pleno desierto de Negev. El resto de los tramos hacia el norte se están marcando, pero pueden ser recorridos igualmente. Estos son los tramos más interesantes.

Crater Ramon, con la carretera de la Independencia, donde se corrió el Giro 2018.
Crater Ramon, con la carretera de la Independencia, donde se corrió el Giro 2018. EDUARDO SALETEBALDER

Masada. Desde Arad, o más concretamente en el oasis beduino Kfar Hanokdim, al norte de Arad, se pedalea a través del desierto de Judea hasta la fortaleza de Masada. Comenzará a montar a 600 metros sobre el nivel del mar y descenderá hasta los -450 metros, al punto más profundo del planeta, el Mar Muerto. Recorrerá unos 50 kilómetros por paisajes sobrecogedores y emocionantes, con inmensas llanuras, hermosas gargantas y desfiladeros, para rematar con el impresionante Palacio de Herodes, de Masada. La fortaleza se eleva unos 450 metros sobre el nivel del mar y solo tiene dos accesos: el camino de la serpiente, por el lado del Mar Muerto; y el de la roca blanca junto al agger (terraplén) original que construyeron los romanos para asaltar la fortaleza durante la primera guerra judeo-romana. Desde la fortaleza se tiene una vista del Mar Muerto y del desierto de Judea impresionante. Después de la ruta, nada mejor que tomar un baño de barro y meterse en las aguas hipersaladas del mar para recuperarse. Consejo, llévese sandalias de agua para nadar, la costa de este mar está alicatada de cristales que pinchan como demonios. O si lo prefiere puede visitar la reserva natural Ein Gedi, a tan solo 19 minutos de Masada en coche y darse un baño bajo las cascadas de este peculiar oasis donde, según la tradición bíblica, David se escondió del rey Saúl.

El autor, en el tramo Samadar-Shaharut del Israel Bike Trail.
El autor, en el tramo Samadar-Shaharut del Israel Bike Trail. DANIEL GINO BALDER

Cráter Ramón. Conocido como Maktesh Ramon o cráter del camino romano, no es en realidad un cráter producido por un meteorito o un volcán, sino por la erosión de un río; en este caso por dos cauces (wadis). Tiene forma de corazón, con 40 kilómetros de longitud, entre dos y cinco kilómetros de ancho y 500 metros de profundidad. El mayor cráter del mundo. La ruta, que coincide con la antigua senda de las especias Nabatea, sale desde la ciudad Mizpe Ramon, en el extremo norte, y se adentra en la depresión cerca de los acantilados hasta el lecho del wadiHava, en lo que se conoce como Single Track Nahal Hava. En primavera el panorama es magnífico, con decenas de plantas floreciendo, algunas como la estrella del desierto, de un perfume intenso y agradable. Se debe estar informado sobre las inundaciones, porque aunque esté en el desierto, en ciertas épocas del año las riadas son repentinas y muy violentas. Al final del trayecto se enfrentará al ascenso de Noah, que en sentido sur será bajada, y que los guías aconsejan realizar a pie hasta que se alcance el single track más agradable y fácil de rodar. El trayecto termina en Khan Be’erot, un campin del desierto con todo tipo de servicios básicos.

Punto de avituallamiento de Desert BikeAir.
Punto de avituallamiento de Desert BikeAir. EDUARDO SALETE BALDER

Valle de Arava y las montañas de Edom. Saliendo de Neot Samadar ya en el sur, cerca de Eilat, se recorre uno de los segmentos del Israel Bike Trail más especiales por la diversidad de escenarios por los que se pedalea. El comienzo de la ruta transcurre por las llanuras pedregosas del wadi Aya, hasta que se asciende a otra vertiente y se alcanzan las Dunas Kasuy. La arena no es un elemento dominante en el desierto del Negev, pero cuando se divisa conforma un paisaje realmente bello. Después de pasadas las dunas, casi todo el camino es single trail, que aunque no requiere de mucha habilidad técnica, es buena idea ir bien protegido en manos, rodillas y codos, porque cualquier caída es sobre un cantizal con piedras muy agudas y por lo general muy cerca de un barranco. Al cabo de unos kilómetros se va ascendiendo hasta alcanzar los precipicios desde los que se domina el valle de Arava, 400 metros más abajo, enmarcado por las imponentes montañas de Jordania.

Solo por el panorama vale la pena el viaje, da la sensación de estar en una película de Indiana Jones. El camino sigue dibujando el perfil de la sima hasta el campamento en Shaharut, a 40 kilómetros de Eilat. Dos tramos más y se alcanza el Mar Rojo, pasando por las minas de Ramsés II, en el parque Timna. Es uno de los tramos más difíciles del Israel Bike Trail por el desierto del Negev, pero que merece la pena solo por el premio que se gana al final del camino.

Desierto de Vida

Camellos en el desierto de Negev.
Camellos en el desierto de Negev. EDUARDO SALETE BALDER

Una de las primeras cosas que se advierten en mitad del Negev es el silencio. Un silencio absoluto, sobrecogedor, que una persona de ciudad difícilmente experimenta. Pero aunque sea un desierto cubierto por un manto de silencio, no carece de vida, ni mucho menos. Entre sus escarpados precipicios es posible ver grupos de Ibex remontando de forma imposible el desnivel. En los wadies es donde se reúnen las gacelas y la mayor parte de las aves, entre las que destacan los majestuosos buitres. Por la noche, con suerte, se escuchan los lamentos de las hienas atigradas, de mayor envergadura que las africanas, pero mucho más tímidas. Por supuesto, los camellos de los beduinos son fáciles de ver deambulando libres, a veces incluso cerca de la carretera. Para los amantes de las aves, el desierto, y sobre todo en su zona sur, es el paraíso. Por Eilat cruzan las aves migratorias de Asia y Europa en su camino hacia África para pasar el invierno, y regresan al norte en el estío. Todo un espectáculo de miles de aves, único en el mundo.

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *