Tecnología

Aún no he llegado el 5G, pero ya se planea el potencial de las redes 6G

Aunque aún están lejos la implantación masiva de las nuevas redes, un estudio teórico de la Universidad de Bremen aborda lo que podría suponer la llegada de redes inalámbricas aún más rápidas

Las redes 6G aún son pura ciencia ficción, pero algunos piensan que ya hay que ir pensando en ellas mientras llega la implantación de las redes 5G. Estas últimas, como explicamos en su momento, serán mucho más rápidas que las 4 G, responderán más rápidamente a las peticiones de datos, y además permitirán que cuando se producen grandes aglomeraciones de personas no vean ralentizado el uso de Internet.

¿Qué pasaría si vamos más allá y comenzamos a pensar en redes aún más rápidas? Dos investigadores de la Universidad de Bremen se han hecho esta pregunta en un estudio para intentar señalar algunos de los enormes cambios que podrían traer consigo las redes 6G. Si es que estas llegan a llamarse así.

Los usos de tecnologías de inteligencia artificial crecerían de forma exponencial

Su estudio se basa en las limitaciones de las redes 5G, que a pesar de ser mucho más avanzadas que las 4G para ciertas cosas pueden seguir estando algo limitadas. La idea sobre la que gira el estudio es que si las redes 6G logran velocidades de transferencia de datos tan altas como un tera por segundo, una cifra espectacular, se abren horizontes que hoy nos parecen de ciencia ficción.

La clave está en que los usos de tecnologías de inteligencia artificial crecerían de forma exponencial. Pensemos que actualmente tecnologías como las del reconocimiento de voz del asistente de Google basada en inteligencia artificial, que ya entiende el lenguaje con una tasa de error inferior a la de una persona, no pueden estar alojadas en un dispositivo físico. Son transmitidas desde los servidores de Google hasta nuestros teléfonos.

Con las redes 6G numerosos dispositivos podrían intercambiar información entre sí a velocidades ultrarrápidas para resolver problemas complejos

Si la velocidad de transmisión de los datos se multiplica hasta tasas tan altas como las que manejan estos investigadores, numerosos dispositivos podrían intercambiar información entre sí a velocidades ultrarrápidas para resolver problemas complejos. Un ejemplo práctico: todos los vehículos de una ciudad, e incluso los peatones, podrían mandar información en tiempo real de su ubicación para evitar atascos, accidentes y lograr sistemas de conducción autónoma completamente eficaces.

Para ello además sería necesario una latencia mucho más baja que las de las redes 5G. O dicho de otra manera: que la red permitiese que el tiempo de espera para enviar y recibir datos fuese casi imperceptible. Algo muy diferente de lo que sucede ahora con las redes 4G. Piensen cuando desde su teléfono quieren abrir una web y se tardan uno o varios segundos en comenzar la carga.

Hay otros usos que permitirían redes más rápidas que el 5G, como supervisar mejor los mercados financieros

Pero hay otros usos que permitirían redes más rápidas que el 5G, como supervisar mejor los mercados financieros. En realidad una red 6G conectada a sistemas de inteligencia artificial podría llegar a permitir el concepto que estos autores llaman “difusión inmediata” de acontecimientos.

Lo que permitiría por ejemplo actuar de forma más eficiente ante catástrofes naturales o de otro tipo activando por ejemplo redes de emergencia sanitaria. No hace falta pensar demasiado para adivinar que una tecnología de ese tipo podría también crear una suerte de Gran Hermano si se usa con fines de control de la libertad.

Por otra parte, no debemos olvidar que se están intentando articular mecanismos de control ético de la inteligencia artificial. Pues una herramienta tan fabulosa como la que estos autores describen podría dar también lugar a escenarios distópicos. Pensemos por ejemplo en lo que sucedería si un sistema de este tipo se usa con fines militares y se produce algún fallo. Aunque, por suerte o por desgracia, las tecnologías descritas por estos autores aún quedan muy lejos.

Una herramienta tan fabulosa como la que estos autores describen podría dar también lugar a escenarios distópicos

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