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El Barça empieza a curar las heridas de Liverpool ganando al Getafe

Vidal y Messi firman los goles del partido del luto y Coutinho, muy silbado, se retira lesionado

El Barcelona dio el primer paso, espeso y complicado, para la reconciliación con sus aficionados con una victoria frente al Getafe en el partido del luto. El resultado complica las aspiraciones del Getafe para disputar la Liga de Campeones, un torneo cuya mención produce rechazo a los hombres de Valverde, y supone una cura muy incipiente para las heridas de Anfield. Arturo Vidal en la primera parte y Messi, cerca del final de la función, pusieron los goles a un partido en que el Barça fue de menos a más y acabó solicitando indulgencia al Camp Nou.

Ernesto Valverde introdujo tres cambios respecto al once de la hecatombe de Liverpool. Cillesen actuó en el segundo partido de Liga consecutivo como preparación para la final de Copa, Malcom sustituyó a operado Luis Suárez y Umtiti entró por Lenglet, pero no igualó el nivel de su compatriota.

Vidal y Messi pusieron los goles en un partido en el que el Barça fue de menos a más

De hecho, ninguno de los jugadores de Valverde se acercó al nivel del equipo que hasta hace menos de una semana aspiraba a conquistar la triple corona. El cargamento de plomo que el Barcelona importó de Anfield pesa en las piernas y en la cabeza y oprime incluso a los futbolistas menos propensos a los cambios de ánimo. Como Sergio Busquets, ayer un perfecto desconocido.

Los períodos de duelo en el fútbol se pasan jugando, compitiendo, y su duración es directamente proporcional a la magnitud de la catástrofe. Y la de Liverpool fue de proporciones históricas. De salida los jugadores del Getafe obsequiaron a sus oponentes con un pasillo de honor, les recordaron que son campeones de Liga, pero el público, escaso y dolido, recordó con insistentes pitos a Coutinho que todavía no ha digerido el varapalo continental.

Entre las continuas pérdidas del Barça y la idea del Getafe de dejar correr el tiempo el partido arrancó melancólico. Por momentos dio la impresión de que si Jose Bordalás hubiera dirigido al Liverpool se hubiera producido un nuevo atropello. Circulaba el Barça con escasa convicción por el centro del campo y sucumbía fácilmente a los mordiscos del Getafe.

Un regalo de Busquets a Ángel puso el gol en bandeja a Jorge Molina, pero el delantero envió el remate por encima del larguero cuando se encontraba en condiciones inmejorables, solo y en carrera en la perpendicular de la portería de Cillessen. El Barça reaccionó con frialdad y resignación y una nueva pérdida inexcusable, esta vez a cargo de Coutinho, acabó con el esférico en la red de Cillessen. Una vez materializado el gol de Molina el asistente levantó la bandera y el VAR ratificó la posición de fuera de juego del delantero.

Sigiloso, el Getafe jugaba a mantener la dinámica átona del partido que el Barça intentaba alterar por medio de Vidal, Messi y Malcom, pero no encontraba profundidad. Aunque todo lo que se le negó a través del juego el equipo de Valverde lo consiguió con el balón parado. Messi introdujo una falta lateral en el área, peinó Pique, David Soria rechazó como pudo y apareció Vidal para fusilar en el tramo final del primer tiempo.

El gol propició que el Barça afrontara la reanudación con otro ánimo, algo más activo y dinámico, y de buenas a primeras Messi forzó una intervención providencial de David Soria, que en el último momento desvió con la mano una pelota que se aproximaba al objetivo. Volvió a intervenir el portero del Getafe para atajar un remate de Malcom a bocajarro pero demasiado precipitado.

Aunque el plomo de la frustración seguía gravando el ánimo, el Barça había dejado de ser una caricatura monocolor. Incluso, Messi puso toques de gran belleza al partido del luto. El argentino superó un cara a cara ante Soria con una vaselina prodigiosa, aunque Cabrera expulsó el balón sobre la línea y el árbitro invalidó la jugada por fuera de juego. No menos superlativa resultó el cambio de ritmo de Messi entre cuatro contrarios que culminó con un trallazo ligeramente desviado.

Con la situación bajo control Valverde fue introduciendo cambios. Aleñá entró por Rakitic y Coutinho, que se retiró dolorido y, por arte de magia, aplaudido por una afición que cambió de opinión sin motivo aparente, dejó el puesto al filial Abel Ruiz, que debutó en la máxima categoría.

Aunque una esporádica aproximación del Getafe acabó con un testarazo al palo del desacertado Molina en una situación extraña, el Barça ya arrancaba aplausos y expresiones de admiración de la grada. Y Messi puso el punto final con una combinación eléctrica en el área con Sergi Roberto y empujando a gol con la colaboración de los defensores. El saludo del equipo al Camp Nou desde el centro del campo al final de partido es el primer paso para la reconciliación con la consternada afición.

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