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Trump desoye las críticas y recibe con halagos a Orbán en la Casa Blanca

El presidente de EE.UU. asegura que el líder húngaro hace “un trabajo tremendo” y “mantiene su país seguro”

Allá por el 2016, mientras Europa observaba con escepticismo –y terror– la posibilidad de que Donald Trump fuera elegido presidente, uno de sus líderes apostó con nitidez por él: “Es bueno para Europa y bueno para Hungría”, dijo el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. “Qué gran noticia. La democracia sigue viva”, escribió cuando su favorito ganó. Trump le devolvió ayer en persona los halagos.

“Es un líder muy respetado en Europa”, aseveró del líder de un partido, Fidesz, que casi fue expulsado del Partido Popular Europeo. “Es un poco polémico, como yo. Pero eso está bien”, añadió Trump con la mirada traviesa sentado junto al húngaro en los sofás del despacho oval. A pesar de sus muchos puntos en común (su agenda antiinmigración, en especial la de origen musulmán, su desdén por los principios de las democracias liberales, la valla que el húngaro construyó en la frontera con Serbia…) Orbán ha tardado más de dos años en ser recibido por Trump, al que ha bautizado de “icono” de los movimientos soberanistas.

La visita de Orbán ha provocado una intensa controversia en Washington

A dos semanas de las elecciones al Parlamento Europeo, Trump ha querido abrazar a uno de los máximos exponentes del populismo europeo, un político que también ha puesto a prueba las costuras de las instituciones multilaterales y en particular la Unión Europea. “Estamos orgullosos de estar al lado de EE.UU. en la lucha contra la inmigración ilegal y el terrorismo y en la defensa de las comunidades cristianas en el mundo”, destacó el líder húngaro a su llegada a la Casa Blanca. “Usted ha sido fantástico respecto a las comunidades cristianas, realmente ha cerrado el paso”, dejó caer Trump, quizás impresionado por la valla que Orbán levantó en la frontera con Serbia en el 2015, cuando millones de demandantes de asilo intentaban llegar a Europa desde Siria y Afganistán, entre otros países.

Su reunión duró alrededor de una hora. Hacía 14 años que un primer ministro húngaro no era recibido en la Casa Blanca, una prolongada ausencia que tiene mucho que ver con Orbán y la alarma que, desde que volvió al poder en el 2010, ha provocado en EE.UU. la deriva autoritaria de su gobierno y sus acciones contra los jueces, las oenegés y la Universidad Centroeuropea de Budapest (fundada por George Soros, un archienemigo de Trump), que ha cedido a la presión y se va a mudar a Viena.

Las prevenciones de las administraciones Bush y Obama contra el primer ministro húngaro fueron heredadas por el Departamento de Estado con la llegada de Trump al despacho oval pero las resistencias han ido cediendo a lo largo del último año, en especial desde la llegada a Budapest del nuevo embajador, David Cornstéin, un viejo amigo de Trump y admirador declarado de Orbán. “Puedo decirle que, conociendo al presidente desde hace 25 o 30 años, le encantaría estar en la misma situación en que está Orbán, pero no lo está”, declaró recientemente el diplomático estadounidense a The Atlantic.

La visita de Orbán ha provocado una intensa controversia en Washington y no sólo en las páginas del diario capitalino The Washington Post (“Trump prefiere a los enemigos de la democracia, la visita de hoy al despacho oval lo demuestra”, decía su editorial ayer lunes). Inquietos por su sintonía del líder de Fidesz con Vladímir Putin y la creciente presencia china en Hungría, un destacado grupo de senadores republicanos y demócratas, miembros de la comisión de Exteriores, escribieron al presidente estadounidense la semana pasada para recordarle “la continua erosión de las libertades y el estado de derecho” que el país ha experimentado con Orbán y pedirle que usara la cita para pedirle volver a la senda democrática.

No es lo que ayer se vio en la Casa Blanca. Siempre fascinado por los “líderes fuertes”, Trump salió en defensa de su invitado cuando la prensa le preguntó por sus políticas. “Es un hombre duro pero respetado. Y ha hecho lo correcto para mucha gente en inmigración. Ha hecho un buen trabajo y ha mantenido su país seguro”, con medidas “diferentes” a las de otros países para resolver los “terribles problemas” a los que a su juicio se enfrenta Europa. Hace “un trabajo tremendo” y “es un gran miembro de la OTAN”, añadió Trump a pesar de las conocidas frustraciones de sus funcionarios con cómo Orbán usa la alianza militar para solventar temas ajenos a la defensa o su bajo gasto en defensa.

“El objetivo del encuentro es simplemente reforzar la relación estratégica entre países aliados, no necesariamente repasar cada tema de la agenda bilateral, algo que ya hemos hecho constantemente durante los últimos dos años”, advertía un alto cargo de la administración en una teleconferencia con la prensa días antes de la visita. En la agenda Trump se había reunido ya con los líderes de los principales países de Centroeuropa, sólo faltaba Orbán. Y a dos semanas de que su partido y su agenda nacionalista se enfrenten a las urnas en las elecciones al Parlamento Eurpeo ayer obtuvo su querida foto.

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