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Los talibanes allanan con gestos la retirada de EE.UU. de Afganistán

El Emirato Islámico aplaca los temores de la sociedad civil afgana en Qatar

Puente de plata para los marines en Afganistán. El final de la guerra más larga de la historia de EE.UU. parece desde ayer un poco más cerca. Por lo menos para ellos. Donald Trump quiere a sus tropas en casa antes del inicio de la campaña presidencial estadounidense, dieciocho años después de la invasión de aquel país. Su secretario de Estado, Mike Pompeo, ya ha puesto fecha al posible acuerdo: antes del 1 de septiembre.

Los talibanes han olido la oportunidad y, aun con la guerra a su favor, parecen dispuestos a facilitar una retirada decorosa para los estadounidenses. Dicha salida comportaría el compromiso por parte del autodenominado Emirato Islámico de Afganistán -que vuelve a dominar más de la mitad del país- de no ser utilizado nunca más como refugio terrorista.

Los estadounidenses presionan para poder anunciar el fin de su guerra más larga antes del 1 de septiembre

El empuje se ha producido en Doha, la capital de Qatar, donde ayer terminó la séptima ronda de negociaciones, con el enviado estadounidense de origen afgano Zalmay Khalilzad cara a cara con sus homólogos talibanes.

El encuentro se produjo al día siguiente de un no menos significativo acuerdo entre una decena de enviados talibanes y unos sesenta representantes de la sociedad civil afgana. Además de emplazarse a elaborar un plan de pacificación, se comprometen desde ya a evitar la muerte de civiles, respetando mercados y edificios públicos como mezquitas o madrazas, así como pantanos. El año pasado la guerra segó la vida de cerca de cuatro mil civiles.

Sin embargo, la voluntad de reducir a cero la muerte de inocentes llega dos días después de que los talibanes detonaran un coche bomba en Ghazni, provocando una quincena de muertos, entre ellos niños. Según los talibanes, se trataba de un objetivo militar. La represalia aérea ordenada por el gobierno de Kabul provocó siete muertos un día después.

El ejército español terminó su misión en Afganistán en el 2015

Aunque a la cita de Doha acudieron personalidades cercanas al presidente Ashraf Ghani, estas lo hicieron a título personal. Esta sigue siendo una condición innegociable para los talibanes, que desde del principio se han negado a tratar con el que consideran “el Gobierno títere de Kabul”.

Esta negativa era hasta ahora uno de los grandes escollos para llegar a un acuerdo de paz. Pero parece que para Washington ya no lo es. A medida que Trump se acerca al final de mandato, también cede el empeño en mantener indefinidamente algunas tropas en Kabul, algo rechazado de plano por los talibanes.

Tal como ocurrió con la marcha de los soviéticos de Afganistán, la evacuación de los estadounidenses y de sus aliados no tiene por qué representar el fin de la guerra a corto plazo. Aunque es posible que muchos caudillos de la Alianza del Norte, que han engordado durante los años de ocupación, sueñen con un retiro dorado en sus propiedades adquiridas en el mismo Qatar, en los Emiratos y hasta en Turquía.

El ejército español terminó su misión en Afganistán en el 2015. A los pocos meses, la embajada de España en Kabul fue asaltada y dos policías se unieron al centenar de fallecidos españoles en dicha guerra -incluidas las del accidente del Yak-42. A la factura humana hay que añadir tres mil setecientos millones de euros.

Una cifra mareante, pero empequeñecida por el gasto de EE.UU., donde la guerra afgana quedará como una de las mayores transferencias de la historia de fondos públicos a bolsillos privados. No solo por el material de guerra, sino por la privatización de varios segmentos de esta, con la aparición de un ejército de contratistas de seguridad, construción, etc. Todo para terminar haciéndole el pasillo a los talibanes.

Dentro de dos lunes se cerrarán más flecos afganos con la visita a la Casa Blanca del primer ministro pakistaní, Imran Khan. Pakistán ha sido aliado y refugio de los talibanes desde el principio. Nueva Delhi observa. Sería raro que se plegara a todos los designios de los estadounidenses en Irán -clave para el acceso indio a Asia Central y su primer proveedor de crudo hasta hace poco- mientras estos abandonan Kabul.

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